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Bonhumor
Había en un corral un torete que siempre deseaba a la ternera de la otra cerca, pero, como la cerca estaba alambrada a una altura de dos metros, este no podía pasar y decía a si mismo, algún día saltaré esa cerca y por fin ella será mía.
Pasaron dos años y el torete se convirtió en un toro grande y robusto y se dijo: Por fin soy lo suficientemente grande y saltaré esa cerca para hacer mía a esa linda vaquita. Tomó una distancia de cinco metros para saltar y a toda carrera logró saltarla traspasando el alambre de púas. Al caer se sacudió y se acercó a la vaquita que estaba como él la deseaba. y le preguntó: Amiguita ¿cómo te llamas? Mi nombre es MARISOL, pero, solo dime MARI por el SOL está en el cielo. ¿y tú? Yo me llamo JUAN TROLON pero solo dime JUAN por que mis TROLAS están en el cerco. Chiste enviado por:
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Una dama de sociedad visita a su párroco un día y le comenta:
Padre, estoy muy preocupada, resulta que tengo dos cotorras hembras que sólo dicen: somos prostitutas ¿quieren divertirse? El sacerdote extrañado del caso, le dice: Eso es muy obsceno, pero creo que tengo la solución hija mía. Yo tengo aquí en la parroquia dos loros machos, a los cuales les he enseñado a rezar y a leer la Biblia. Ellos están muy educados y hablan sólo de Dios, y creo que si traes a tus cotorras y las juntamos con mis loros, ellas se salvarán y te las llevarás a tu casa educadas y refinadas. Mis loros podrán enseñarle a tus cotorras como leer la Biblia y como rezar en las tardes. La señora sale ilusionada con la idea y a la media hora regresa con las dos cotorras a la iglesia. El sacerdote la hace pasar y la lleva hasta la jaula donde se encuentran los dos loros que, en efecto, están rezando muy bajito. Impresionada, la señora le da las dos cotorras al cura, y éste las mete en la jaula de los loros. En cuanto las sueltan dentro de la jaula, las cotorras dicen: Hola, somos prostitutas, ¿quieren divertirse? Se hace un silencio abismal. Finalmente, un loro mira a cada lado y le dice al otro: José, quítate el hábito, nuestras plegarias al fin han sido escuchadas. Chiste enviado por:
Bonhumor
Un avión cruzaba el desierto del Sahara, con una monja, un sacerdote y un camello. De repente el avión falla y tienen que hacer un aterrizaje forzoso en medio del desierto. Sobreviven la monja, el sacerdote y el camello. Los dos primeros se ponen a recoger provisiones y se suben al camello, miran para todos lados y sólo ven un mar de arena, así que deciden trotar hacia el poniente.
Después de 10 horas de viaje en un calor insoportable y sin agua el camello muere. El sacerdote y la monja se sientan sobre el camello muerto y comienzan su diálogo: Oiga hermana, creo que ahora sí moriremos en el desierto. ¡Así es! ¿Qué es lo que le hubiera gustado hacer antes de morir? ¡Pues ver a un hombre desnudo! ¿Y a usted? ¡Mmmm! Pues ver a una mujer desnuda. Hubo Silencio, mucho silencio. ¿Oiga hermana y si vamos a morir por qué no cumplimos nuestro deseo y nos quitamos ambos la ropa? ¡Está bien! ¿Oiga hermana qué es eso? ¿Qué tiene usted entre las piernas? ¡Es una tarántula muerta! ¿Y qué es eso, que cada vez se pone más grande y duro? ¡Esto es un instrumento que sirve para revivir animales muertos! En eso se levanta el camello diciendo: ¡Si yo nada más me estaba haciendo el muerto. Súbanse y seguimos...! Chiste enviado por:
Humor.cat
Una mujer quería una mascota para que le hiciera compañía, así que fue a la tienda y escogió un loro. Antes de recibir el dinero, el vendedor le advirtió que el loro había vivido en un prostíbulo y acostumbraba a decir cosas... salidas de tono. Pero a la mujer le gustó tanto el loro que decidió comprarlo.
Ya en su casa, la mujer puso la jaula en la sala y esperó a que el loro hablara. El animal divisó todo el panorama y dijo: Nueva casa, nueva madame. La mujer se sorprendió un poco, pero encontró graciosa la ocurrencia del loro y decidió esperar a que llegaran sus hijas adolescentes. Cuando ellas entraron, el loro exclamó: Nueva casa, nueva madame, nuevas zorras. Tras su sorpresa inicial, las muchachas se rieron con su madre y esperaron a que llegara el papá. Por la noche, cuando el hombre llegó a su casa, el loro gritó: ¡Nueva casa, nueva madame, nuevas zorras, caras conocidas! ¡Hola, Joaquín!
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